En un país de más de 8 millones de habitantes y en donde el 66.5% vive en pobreza, 20.5% en pobreza relativa y el resto de la población es extremadamente pobre, es desalentador conocer que el presupuesto destinado para la salud pública fue reducido en más de 300 millones de lempiras.

Especialistas en el tema presupuestario se han referido y ven con desanimo la poca inversión pública respecto a la salud, que únicamente asigna $110 al año per cápita; mientras, Panamá invierte unos $1000 y Costa Rica $800 per capital, números que solo reflejan desproporción en el cuidado a la salud  entre estos países vecinos.

Un estudio del banco mundial revela el incremento del gasto en educación y en materia de seguridad, temas también primordiales para todos los hondureños pero sin menospreciar el tema de la salud, el cual refleja que el gasto público en salud es bajo en comparación con países similares y presenta una tendencia decreciente. 

A su vez, da a conocer el progreso en algunos indicadores de salud básica, pero brechas importantes de acceso a servicios entre los pobres y gastos de bolsillo elevado para las familias; este mismo estudio también muestra que perduran los desafíos en la administración del sistema de salud, especialmente en el área de recursos humanos, farmacéuticos e ineficiencias en el aseguramiento de la salud.

No deja de preocupar que con esta reducción presupuestaria las quejas diarias, que ya existen de los usuarios del servicio público, quienes padecen enfermedades terminales no vuelvan a tener acceso a equipo porque está en mal estado.

Además persiste el desabastecimiento de medicamentos en farmacias de los centros hospitalarios y poco personal para atender a miles de enfermos que necesitan atención de calidad, todas estas deficiencias sanitarias se verán incrementadas debido a la falta de presupuesto en salud pública.

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